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¿Psicología o coach?


En los últimos años ha sido muy común escuchar frases como: "Necesito un coach" o "Creo que debería ir al psicólogo, pero no estoy tan mal". Y, aunque ambas profesiones pueden aportar muchísimo al crecimiento de una persona, no cumplen el mismo propósito.

Como psicóloga clínica, me parece importante decir algo desde el principio: no se trata de decidir cuál profesión es "mejor". Se trata de identificar qué es lo que necesitas en este momento de tu vida.


Tanto el coaching como la psicología buscamos mejorar la calidad de vida de aquel que inicia un proceso. La diferencia está en el punto desde el cual comienzan a trabajar.


Desde mi comprención, un coach suele acompañar a personas que desean alcanzar objetivos concretos: desarrollar liderazgo, mejorar su desempeño profesional, organizar un proyecto, fortalecer hábitos o aumentar su productividad. El foco está en el presente y en las acciones necesarias para llegar a una meta.


La psicología clínica, por su parte, también puede ayudarte a alcanzar objetivos, pero antes busca comprender qué procesos emocionales, cognitivos y conductuales pueden estar interfiriendo en tu bienestar. En muchas ocasiones no basta con preguntarnos "¿Qué quiero lograr?", sino también "¿Qué me está impidiendo hacerlo?".


Porque, a veces, detrás de una meta que parece sencilla hay ansiedad, miedo al fracaso, perfeccionismo, una autoestima deteriorada, dificultades para regular las emociones o patrones aprendidos durante muchos años. Y cuando eso ocurre, trabajar únicamente sobre el objetivo puede hacer que el cambio sea temporal o que nunca llegue a consolidarse.


Imaginemos a dos personas que quieren cambiar de trabajo.

Laura siente que lleva varios años estancada profesionalmente. Tiene experiencia, disfruta su profesión y quiere prepararse para un cargo de mayor responsabilidad. Necesita organizar un plan de acción, fortalecer sus habilidades de liderazgo y mantenerse enfocada en sus objetivos. En este caso, un proceso de coaching podría ser una excelente opción.


Ahora pensemos en Daniel. Él también quiere cambiar de trabajo, pero cada vez que encuentra una vacante evita postularse. Piensa constantemente que no es suficientemente bueno, siente mucha ansiedad antes de una entrevista, pospone decisiones importantes y, cuando recibe retroalimentación, interpreta que confirma que no es capaz.


Aunque el objetivo de ambos parece el mismo, Daniel probablemente se beneficiaría más de iniciar un proceso de psicología clínica. Antes de construir un plan profesional, sería importante trabajar sobre la ansiedad, las creencias acerca de sí mismo y los patrones de evitación que están limitando sus decisiones.

No porque esté "mal". Simplemente porque las dificultades emocionales están teniendo un papel importante en el problema.


Entonces, si nos preguntamos ¿Lo que necesito es aprender estrategias para alcanzar una meta, o siento que hay algo emocional que constantemente me frena, me genera malestar o se repite en diferentes áreas de mi vida?

Si la respuesta se relaciona principalmente con desarrollar competencias para conseguir un objetivo específico, un coach puede ser un gran aliado.

Si, por el contrario, notas que el miedo, la ansiedad, la tristeza, la culpa, el estrés, la dificultad para relacionarte, la baja autoestima o patrones que se repiten una y otra vez están interfiriendo con tu vida, probablemente sea un buen momento para acudir a un psicólogo clínico.


No es necesario esperar a que exista un diagnóstico o una crisis para acudir a psicología.

La terapia también es un espacio para conocerte mejor, aprender habilidades, fortalecer relaciones, construir una vida más coherente con tus valores y prevenir que pequeñas dificultades se conviertan en grandes problemas.

De la misma manera, el coaching puede ser una herramienta maravillosa cuando la persona ya cuenta con una buena estabilidad emocional y desea potenciar su desarrollo personal o profesional.

No son profesiones que compitan entre sí. De hecho, en muchos casos pueden complementarse. Hay personas que realizan primero un proceso terapéutico para trabajar aquello que les genera sufrimiento y, más adelante, deciden iniciar un proceso de coaching para impulsar nuevos proyectos. También ocurre al contrario: algunas personas llegan a un coach y, durante el proceso, descubren que sería beneficioso trabajar primero ciertos aspectos emocionales con un psicólogo.

Lo importante no es elegir "la mejor opción", sino la que más sentido tenga para el momento que estás viviendo.


Si tienes dudas sobre cuál puede ser el camino adecuado para ti, recuerda que pedir orientación también hace parte del proceso. A veces, la mejor decisión no es hacerlo todo solo, sino permitir que alguien te acompañe a entender qué necesitas para seguir creciendo.

 
 
 

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